Soñé
que me iba a la Argentina, esa tierra a la que tan unido estoy. Allá, entre las
montañas encontré una brecha de la que manaba un líquido gris y viscoso. Se
derramaba sobre las hojas y las flores de las lilas y caía en forma de pequeñas
gotitas que se aplastaban contra el suelo recordándome los relatos cronopiales
de ese gran escritor con problemas de frenillo.
Un
león se acercaba al río para mirarse en él y al tocarlo se convertía en pájaro.
Volaba hacia el nordeste para finalmente llegar a una gran ciudad donde sombras
bailaban al son de canciones de los burdeles de otras épocas. Allá, el pájaro
intentó seguir al norte pero un funcionario de aduanas se lo impidió.
-
Está cerrada.
-
Pero yo soy pájaro. Pero yo soy viento. – contestó el pequeño ser alado – Y vos
no podés ponerle fronteras al viento.
-
No, pero te las puedo poner a vos. – repuso el burócrata encerrando al pájaro
en una jaula y llevándolo a comisaría.
Pasaba
por allá un joven ángel caído y al ver la escena preguntó por qué llevaban
preso a un ser tan inofensivo.
-
Porque confesó que es viento y que no se puede poner fronteras al viento. –
contestó el funcionario con solemnidad.
-
¿Y acaso es eso un delito? – se interesó el joven batiendo levemente sus alas
que se parecían a las del ave presa, aunque ya no servían para volar pues en la
caída desde los cielos se habían lastimado.
-
Es delito ser inteligente y decirle al gobierno lo que puede o no hacer. Vos
sabés, vivimos tiempos difíciles y hace falta un gobierno fuerte para…
El
pájaro comenzó a piar con fuerza y a moverse frenéticamente de un lado a otro
de la jaula. Evidentemente el ave existía para volar como una botella existe
para contener algo y cuando no lo contiene para lo único que sirve es para ser
arrojada a la basura; lo mismo le ocurría al pequeño ser que no paraba de dar
vueltas en su prisión, ahí encerrada su vida no tenía sentido alguno así que
decidió morirse para que al menos su espíritu fuera libre de nuevo.
- ¿Ves lo que
hiciste?. Mataste al pájaro.
El
encargado de la aduana miró con una fría tristeza al ángel y se encogió de
hombros en un claro ademán que mostraba su indiferencia ante el hecho. El ángel
se acercó a la jaula que el burócrata había dejado en el suelo y al tocarla una
intensa luz, proveniente de la pequeña cárcel, los cegó. Al disiparse esta, la
jaula había desaparecido y en su lugar quedaba únicamente el pájaro, vivo y
batiendo las alas con fuerza.
El
funcionario huyó atemorizado ante este joven capaz de convertir jaulas en
pájaros dejando solos a los dos seres alados.
-
Hay algo… – comentó el ángel al ave que volaba de un lado para otro rebosante
de alegría por vivir de nuevo. – que no entiendo, siendo que eras león, ¿Por qué
quisiste ser pájaro? – preguntó con curiosidad el ángel.
-
Porque siendo león no podía volar.
-
Pero ahora sos más débil y pequeño. – insistió el ángel que no acababa de
entender.
-
¿Leíste a Pizarnik?. “No soy tan pequeño.
Sos vos que eres demasiado grande Soy un yo, y esto, que parece poco, es
suficiente para un pájaro”. Y vos, ¿sos un ángel?.
-
Lo soy. O al menos lo era antes de que me expulsaran del Cielo. Ahora no estoy
seguro de lo que soy, a pesar de seguir teniendo alas.
-
Pero… entonces… ¿por qué me ayudaste.?
-
¿Y por qué no? Mirá, la gente tiende a creer que todos los ángeles somos
iguales y que a todos nos expulsaron del Cielo por el pecado de orgullo. Se
equivocan. Mi pecado no fue el orgullo, fue el amor; me expulsaron porque amaba
más a los humanos que a Dios y eso no supo bien por allá.
-
Sabés parecés bueno, seguíme.
El
pájaro lo guió por la ciudad hacia el centro. Allá encontraron un parquecito de
lilas y cipreses que se contoneaban en una dulce danza de los siete velos
provocada por la brisa que agitaba lentamente las plumas de ambos. El fuego que
incinera los pechos fundía dos cuerpos en uno mientras estos jugaban al cíclope
y, a su lado, un banco en el que el vino consumía el alma de un joven anciano
al que una enlutada mujer observaba expectante.
-
Aquel ya olvidó las palabras que impiden que ella lo lleve y pronto se
marcharán juntos. – comentó con tristeza el pájaro posándose sobre una fuente
de caños secos. – Pero aguarda, ya llega la luz maldita.
Una
muchacha apareció por un recodo del camino que se desdibujaba entre los
árboles. Se detuvo a contemplar a una señora con un carrito de bebé vacío que
observaba obstinadamente al niño del carrito de otra mujer. En la joven, el
dolor era intenso y hería por dentro como los fuertes licores que tanto le
gustaban; se sentó bajo una farola rota a pensar lo perra que había sido la
vida con ella. El pájaro se posó frente a ella y el ángel caído la miró con
curiosidad. La belleza de la pequeña ave la deslumbraba y no lo soportaba.
Apagó su cigarrillo, se levantó y , con las manos en los bolsillos y la cabeza
hundida entre los hombros, comenzó a andar. El sol terminaba de ponerse y las primeras estrellas se dibujaban en el
cielo.
-
Muerte mala que querés llevarme. – espetó la joven a la mujer enlutada que la
observaba con una sonrisa. – Muerte puta que querés hacerme tu amante y
embriagarme con tus besos para que olvide las palabras que te alejan de mí. Ya
te gustaría que te metiera las manos entre las piernas y que acariciara tu
concha mientras mis labios y lengua recorren tus tetas.
El
ángel se sorprendió de esa forma de hablar más típica quizás de un camionero
que de una muchacha de su edad y, dejando que el pájaro se posase en su hombro,
se aproximó a ella saliendo de la oscuridad que lo rodeaba. Ella lo miró
extrañada.
-
Mirá, ya hasta los santos vienen a visitarme.
El
ángel ignoró el comentario
-
¿Sabés volar?
-
¿Qué sos, boludo?, ¿me viste las alas?. Vuelo aún así; con una canción, con una
caricia… con un verso. Y vos, ¿volás?.
-
Supe. Soy un ángel, caído, pero ángel al fin y al cabo como Lucifer.
-
Mientes. No sos Lucifer, sos Rafael. Nos mintieron a todos, Dios no expulsó a
los ángeles del Cielo, fuimos los humanos que lo expulsamos a Él.
El
ángel sonrió con amargura recordando aquel día en que el cielo se había abierto
con un tremendo estruendo, los coros celestiales se habían alzado terribles a
su alrededor y la ira divina lo había golpeado en el rostro como un poderoso
rayo y lo había hecho caer.
Ella
buscó un banco en donde sentarse y sacó otro cigarrillo. Su pelo corto y moreno
le caía sobre el rostro lo suficiente para ocultar ligeramente sus ojos,
también negros, inundados de amargura. Había algo extraño en esa inmensa
desesperación que emanaba de ella como la tristeza emana de un niño al que
acaban de robar su caramelo.
-
¿Sos poeta? – preguntó el ángel.
-
¿Cómo lo supiste?
-
Por tu dolor, porque sos la voz que repite ausencias, que teme amores, que
duele olvidos, que habla silencios…
-
Mirá, ¿qué ves? – dijo ella señalando a una mujer de mediana edad que, con un
libro de Matilde Herrera, caminaba junto a un hombre gordo y acorbatado. – Yo
veo sólo que las putas entrarán al cielo antes que los ricos.
-
También antes que yo.
-
No te preocupes, las poetas tampoco entraremos según el gobierno. Además no
pierdes nada.
-
¿No quieres ir al cielo? – preguntó el ángel extrañado
-
No, allá no hay bebida ni tabaco.
-
¿Y que querés?
-
No, ahora ya no quiero nada. Dirás que quise. Quise violar las palabras para
contar mi vida al mundo, pero el mundo violó mi vida y silenció mis palabras.
Repentinamente,
rompiendo la sutil armonía del momento, pasó un joven corriendo y gritando que
los estudiantes habían tomado la universidad. La poeta se tomó unos instantes
para liarse un cigarrillo mientras canturreaba.
- Casi claudiqué. Decían de mí: "con lo que hay dentro
de ti, no estará nada mal si mañana estás aquí". Y en la cama de un sucio
hospital…
››
Ya empezó. – comentó ella encendiendo el pitillo. – No podés quitar a la
juventud las exigencias que esta tiene para desarrollar plenamente su
felicidad. Podés, en todo caso, engañarlos para que quieran lo que no les hará
feliz.
-
¿Vos sos feliz?
-
¿Con este mundo?, ¿cómo querés que sea feliz?
-
Entonces, ¿por qué sigues acá?
-Porqué
alguien me enseñó que la vida es una mierda y que por eso mismo tenemos que
luchar por ser felices e iluminar al mundo con nuestra sonrisa. Vos deberías hacer
igual.
La
joven lo observó con una obstinada fijación y hablaron los silencios y las
miradas. Los grillos cantaban a Gardel en la noche y corría una suave brisa que
traía perfumes marinos. Ella se acercó al ángel, lo besó suavemente en la
mejilla y comenzó a andar en dirección al puerto donde entraron a una escondida
taberna.
A
media luz, la taberna se llenaba de rostros de hombre curtidos por el salitre
que bebían el olvido de sus penas acompañados por las pinturas negras de Goya
hechas carne de burdel. Una camarera más horrible que los monstruos del
infierno se acercó a la mesa donde habían tomado asiento e inquirió con la
mirada.
-
Absenta. Traé la botella y dos vasos. – contestó la poeta antes de volver la
vista a su compañero. – ¿Sabés porqué me gusta la absenta?. Por que es como la
vida misma: intensa y dolorosa.
Otra
camarera, más fea aún que la anterior, les trajo una botella cubierta de polvo
y dos vasos mugrientos. Un par de mesas más hacia la puerta, el rostro de un
rudo marino miraba con desconfianza al ser alado y en el extremo más alejado a
la entrada, una mujer enlutada observaba los semblantes con tranquilidad.
Rostros vacíos de vida, llenos de historia, entregados al infortunio; aun así
alguno todavía cantaba, los más dormían en brazos de Baco.
La
noche se consumía como la absenta, el tabaco y la conversación. De pronto ella
se levantó tambaleándose y buscó apoyo en su compañero, lo tomó del brazo y lo
sacó a la calle en dirección a su casa.
-
¿Acaso no está prohibido que nos amemos?. Vos, un ángel renegado de los cielos,
y yo, una poeta renegada del mundo.
-
Lo está. Bien lo sabes.
-
Vení entonces a mi casa. Haremos el amor hasta que los cuerpos aguanten y
mañana al salir la luna seré un árbol en el Infierno.
Hola!
Lo has escrito tú o es de algún escritor argentino? perdona mi ignorancia, ojalá pudiera tener más tiempo para leer todos los libros q me quisiera, pero tengo q leer otros de otros temas, sino suspendo
Menos mal que en Septiembre acabo la carrera!! q ganas!!
Muchas gracias por tu comentario!! Por supuesto q puedes usar mi entrada sobre las mentiras del sr. Brown, es increíble lo de este hombre (me decepcionó el Código, pero aún más cuando supe las tonterías de su último libro) por eso cuanto más gente lo sepa mejor, así abren los ojos de una vez!!! Yo no soy escritora, me muevo en otros campos, pero tengo el suficiente sentido común como para saber que para hacer un libro, guión, etc., hay que documentarse; sino la pifias como el susodicho.
Por cierto, me ha gustado mucho esta entrada, me has hecho recordar que ya me queda poco para irme a Argentina
Veo que estudias periodismo, a mí me ha quedado una asignatura de libre elección de periodismo, Crítica Artística; no estuvo mal (me gustó más Historia del Arte de Humanidades), lo único que el profesor me pide la biblia en verso en el exámen :S Veremos a ver q tal en Septiembre…
Bueno, que muchas gracias por visitar mi espacio, me alaga un futuro periodista me dé la enhorabuena por él =) Espero verte por allá!! Cuidate!
Es pecado amar en un mundo incierto en el que no sabes donde esta el final o el principio…
Me ha gustado mucho lo que has escrito sera que disfruto leyendote…
Cuidate mucho!!
Esta noche soñe que me decias que no lo habias escrito tu, que lo habia escrito una poeta años atras y que te dio ese escrito como legado.
Ultimamente sueño demasiado… ya llevo como dos semanas de sueños incluyendo las pesadillas… ggrr
Espero que te vaya bien en las vacaciones.
¡Cuidate mucho!
Sueños… los míos tienen la mala costumbre de acabar haciendose realidad.
En el caso del tuyo… no sé, en parte sí que es un legado pero no de un escritor sino de varios, a saber Eduardo Galeano, Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik por nombrar a los fundamentales.
Personalmente este relato no me mola nada, quizás porque no es mi estilo a la hora de escribir; aún con todo a la mayoría de la gete si que le gusta y fue capaz de ganar el primer premio en el concurso de relatos del pueblo.
Aprovecho ya para agradecer con respecto al relato: primero y fundamental a mis Alex(j)andras por ser la fuente de mi inspiración, y en segundo lugar a dos profesoras mías sin las que el relato no hubiera sido posible: Anna Pairaló, profesora de Escritura Creativa por aguantar mis neuras literarias y darme pie para escribirlo (este relato nació en un ejercicio de clase) y Mariela Ponce, que fue mi profesora de Documentación Informativa y la encargada de corregir los dialogos por su condición de argentina.